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En una nueva entrevista de Conversaciones Constituyentes, la exdirigenta estudiantil habla de las prioridades a considerar en la nueva Constitución. Para ella, las necesidades de la población son claras y solo debe revisarse cómo se plasmarán. 

La psicóloga de 29 años, Alondra Carrillo, destaca por ser de las más jóvenes de la Convención Constitucional pero también por ser líder feminista, integrante de la Coordinadora 8M y quien ha promovido diferentes instancias de protección a la mujer, disidencias e infancias en estos cinco meses de trabajo.

En Conversaciones Constituyentes habla de la importancia de levantar las decisiones territoriales a los espacios de deliberación, la necesidad de plasmar las demandas sociales en la propuesta constitucional y el legado del proceso constituyente como algo histórico.

  • ¿Cómo nace la segunda iniciativa constituyente, sobre el derecho a una vida libre de violencia para mujeres, diversidades sexogenéricas y niñas?

Nosotras llegamos a la Convención con un programa feminista, que fue construido por el movimiento feminista de los últimos años o décadas incluso, que constituye lo que nosotras hemos llamado uno de los núcleos de sentido del movimiento feminista, que tiene que ver con la lucha contra la violencia y la demanda contra su erradicación como un compromiso del Estado y con ello un mandato constitucional.

En términos más concretos, la presentación de la norma surge de la necesidad de fortalecer el trabajo entre constituyentes feministas y la relación de trabajo entre las constituyentes dentro de la Convención y las organizaciones feministas fuera de ella, que son parte fundamental de este proceso de construcción programática y normativa.

En este caso barajamos varias alternativas y el equipo de Bárbara Sepúlveda puso a disposición una primera redacción que fue tomada como base. Fue producto de ese trabajo que presentamos esta iniciativa conjunta el 25 de noviembre, como una forma de conmemorar el Día Internacional por la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres.

  • Todavía hay muchos prejuicios y miedos sobre el feminismo. En ese contexto, ¿por qué es importante redactar una Constitución feminista?

Es importante redactar una Constitución desde el feminismo y quizás ahí tenemos una diferencia con la idea de una Constitución feminista o un Estado feminista. Para nosotras el feminismo es una fuerza viva del movimiento social, una acción política que desarrollamos para hacer posible las orientaciones políticas, sociales, culturales, que luego vamos a buscar que se plasmen en un nuevo ordenamiento.

En parte esta nueva Constitución lo que tiene que recoger en el proyecto político que le presente al país, son las urgencias, las necesidades y las orientaciones programáticas más sentidas por la población y que han hecho posible este momento histórico. Si hoy estamos teniendo una Convención Constitucional que se propone redactar una nueva Carta Fundamental es también gracias al movimiento feminista, gracias a lo que hemos hecho al cuestionar el orden institucional, neoliberal y patriarcal que tenemos.

Muchas veces los temores tienen que ver con los imaginarios que encierran las etiquetas. Vamos avanzando en ir más allá de las etiquetas y poner sobre la mesa estas cuestiones programáticas fundamentales.

  • Alondra habla del trabajo informal y el no remunerado, derecho a la autonomía y elección en la maternidad como ejemplo de lo que el feminismo busca plasmar.

Quizás hace 10 años atrás muchas más personas tendrían miedo de la noción misma del feminismo. Muy pocas mujeres dirían en sus lugares de trabajo o de estudio que son feministas, pero hoy son cada vez más. El porcentaje de mujeres que se reconoce feminista es alrededor del 80%.

  • Es parte de Movimientos Sociales Constituyentes, ¿cómo ha sido representar a su electorado desde la independencia pero también donde confluyen tantas ideas distintas en el mismo conglomerado?

Llegamos de una realidad social compartida: venimos de una lucha social, de organizaciones de vecinas, vecinos y activistas que con experiencias de lucha social muy concretas han enfrentado los efectos del orden neoliberal, patriarcal, colonial y racista. Venimos de esas experiencias, que son diversas, que nos han aportado una orientación política general respecto a la necesidad de terminar con el Estado neoliberal y reemplazarlo por un Estado social, solidario, garante de derechos, plurinacional, pensado en su conjunto desde una perspectiva feminista.

El movimiento social ha reflexionado sobre algunas materias pero hay otras que no han sido objeto de la deliberación colectiva. Lo que hemos tratado de hacer en el distrito 12 –soy parte de la Asamblea de Organizaciones Sociales y Territoriales del distrito 12– es levantar encuentros deliberativos con asambleas, organizaciones barriales y territoriales, vamos discutiendo el tema de la Comisión de Sistema Político, a la que pertenezco, y vamos construyendo mandatos que ponemos en deliberación con los compañeros y compañeras de Movimientos Sociales Constituyentes.

Los movimientos sociales y las organizaciones barriales y territoriales tienen que ser protagonistas de esta transformación.

  • A través de esta experiencia y también su experiencia como dirigenta estudiantil, ¿cuáles cree que son las necesidades de la población que deben estar plasmadas en la propuesta constituyente?

La gente lo ha planteado con demasiada claridad en las últimas décadas. La necesidad de un orden político y social que termine con los abusos; la red de protección sin freno de las violencias patriarcales, racistas, coloniales; que entregue poder y herramientas a los territorios para materializar sus aspiraciones; que consagre derechos sociales como pensión y seguridad social, con una perspectiva de reconocimiento del trabajo de cuidados; derecho a una educación pública, laica, gratuita y no sexista; el derecho a la salud pública universal sin un sistema para ricos y uno para pobres; terminar con el extractivismo y construir una forma de nuestra relación con el medioambiente que le reconozca derechos y organice la economía de una manera distinta.

Todas esas aspiraciones y necesidades… Son cuestiones que están planteadas hace mucho tiempo, que no son una gran noticia ni gran descubrimiento. La gente lo ha planteado una y otra vez. Lo que necesitamos es construir las condiciones de posibilidad para que esas aspiraciones tengan una respuesta política.

  • ¿Considera que se van a poder llegar a acuerdos en los debates de fondo?

Creo que se van a construir esos acuerdos. Hay algunos temas en los que hay acuerdos sociales que simplemente tienen que procesarse dentro de la Convención: terminar con las AFP y consagrar un sistema de seguridad social integral que reconozca el trabajo de cuidado y el no remunerado como trabajo. Eso es un acuerdo social, de los pueblos.

Hay una serie de acuerdos de los pueblos que yo creo que van a tener que estar plasmados en el nuevo orden normativo y la discusión va a ser cómo. Con qué límites, cuánto va a quedar constitucionalizado y cuánto va a ser una tarea posterior.

Y hay otros puntos en los que esos acuerdos probablemente se van a construir sobre la base de una discusión política que es mucho más emergente. Ahí la construcción de los acuerdos va a pasar por la capacidad que tengamos de ponernos a discutir con la mayor transparencia y claridad política de cuáles son los nudos políticos que estamos enfrentando y cómo los vamos a abordar.

  • Al final de este proceso habrá un plebiscito de salida en el que no sabemos si la Constitución será aprobada o no. Entonces, más allá del texto constitucional, ¿cuál cree usted que va a ser el legado de la Convención Constitucional y todo el proceso constituyente?

Esta Convención, pese a los límites que tiene a partir del tutelaje impuesto por partidos en el Acuerdo del 15 de noviembre y los límites que se impusieron en la afirmación de la soberanía y un proceso de deliberación social que fuese lo que comandara la adopción de acuerdos, reconocido institucionalmente; es una experiencia de democracia paritaria, plurinacional, donde no hay nada que no pueda ser discutido.

Eso, en un país que ha estado sometido a una democracia autoritaria, restringida, tutelada, extremadamente ajena al ejercicio democrático efectivo, es una experiencia de politización y discusión pública que va a hacer extremadamente relevante.

Lamento todos los días que no exista la disposición del Gobierno de hacer llegar este ejercicio democrático a todos los rincones del país. El legado de la Convención va a estar limitado por el hecho de que nace siendo arrancada a un Gobierno que no la quería, a un régimen político que se ha dedicado a la administración de lo mismo y no se ha comprometido como corresponde a un proceso de la envergadura que tiene. Pero el legado democrático que tiene es insoslayable y va a quedar en un registro histórico, especialmente para las mujeres y las niñas, que están viendo el primer órgano paritario del mundo discutir sobre cómo debe ser un orden pensado desde el feminismo.

Por Valentina Matus Barahona
Fecha 15 Dic 2021