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Quedan solo horas de la presidencia de Elisa Loncon. En entrevista exclusiva con Contexto Factual, hace un repaso por lo bueno y lo malo, los logros y los desafíos, pasando por racismo, machismo pero también respaldo y esperanza. De la nueva Mesa espera que cuiden los espacios de discusión y les recomienda trabajar con cariño. Del legado señala la nueva forma de liderar y deja en claro: su presidencia no fue un simbolismo como muchos han a salido a decir.  

Con su tradicional atuendo mapuche– llüfllüf txarilogko, tupu, txariwe, mezella, süküll, cheltuwe, küpam, txapelakucha, entre otros elementos de su vestuario– Elisa Loncon entraba a la Convención Constitucional por calle Morandé alrededor de las 11:30 de este lunes, con ojos entrecerrados, asomando una sonrisa bajo su mascarilla.

La Universidad de Santiago –casa de estudios de la cual forma parte en docencia desde 2010– le entregó la medalla al mérito (ver ceremonia aquí), la cual mostró orgullosa mientras se le saludaba en los patios de la Convención. Es uno de los tantos reconocimientos, sumado al Premio René Cassin de Derechos Humanos 2021 del Gobierno Vasco, una de las 100 personas más influyentes según la Revista Time y ser una de las 25 mujeres más influyentes del mundo según el Financial Times.

Es su último día completo como la Presidenta de la Convención Constitucional, cargo que asumió el domingo 4 de julio de 2021 saludando a todo Chile en mapudungun, idioma que se ha escuchado de forma recurrente en los Plenos y puntos de prensa, en los que suele comenzar con un cálido «mari mari pu lamngen», saludando a hermanos y hermanas, y «mari mari kom pu che», saludando a todas las personas.

Profesora, doctora, crecida en la comunidad mapuche de Lefweluan, hoy Elisa Loncon es conocida en todo el mundo por ser quien condujo los primeros seis meses de trabajo del órgano redactor. A partir de mañana, será una constituyente más.

De ahora en adelante, ¿cómo le tenemos que decir? ¿Convencional? ¿Elisa? 

Lamngen Elisa. Para que aprendan a usar la palabra lamngen. O ñaña. Lamgnen es hermana, ñaña es amiga. Nosotros siempre nos hablamos de lamngen y cuando nos hablábamos así –hace un movimiento de distensión con las manos– nos decimos ñaña.

¿Va a echar de menos ser presidenta de la Convención? 

¿Voy a echar de menos? Claro que sí. La interacción que tengo con toda la gente, porque como presidenta ando como con los ojos abiertos con todo. Esa dinámica de tener a la gente, de ir viendo esto… eso tiene un ademán, un impulso y voy a quedar como sola, ¿no? Después va a llegar la próxima presidenta con su equipo entonces… ya no tengo ese rol, se acabó.

¿Tiene candidata?

Ahí estamos conversando. Sin embargo, cuando deje de ser presidenta voy a hablar de la candidata. Sigo hasta cuando vote.

¿Cómo ve su trabajo de ahora en adelante?

Como lo ven todas las constituyentes. Yo integro la Comisión de Principios, he integrado cuatro iniciativas de normas, ¿puedes creerlo? Ya redactadas e instaladas. Una de principios referidos a la plurinacionalidad, otra referida a la interculturalidad, otra sobre Kume Mongen Buen Vivir y la otra sobre plurilingüismo, para que este Chile sea un país plurilingüe que incluya lenguas originarias, además de lengua de señas y el español.

¿Le gustaría ser parte de la Comisión de Armonización?

Me encantaría, pero eso va a ser un acuerdo colectivo. Yo tengo disposición a asumir los roles que sean necesarios, entonces va a depender de la decisión colectiva. Si no quedo, no importa, porque igual siempre va a haber algo que hacer.

Me imagino que ostentar este cargo no ha sido necesariamente fácil. ¿Cuáles fueron los logros que destaca?

Como gran logro el haber instalado el órgano, haberle dado reglamentos, haber instalado la administración, darle la institucionalidad con todos los convenios que hemos firmado, haber instalado temáticas políticas interesantes como el mismo tema del uso del idioma.

La presencia de las distintas personas, la mujer indígena con su traje, es la única manera en que una puede decir «sí, yo soy esto». No había costumbre en las decisiones de la política chilena de que una mujer indígena se parara y dijera «aquí estoy». Yo pude hacerlo.

El posicionamiento de la mujer y el posicionamiento de la mujer indígena mapuche en las decisiones políticas yo creo que ha sido un logro importante, porque finalmente hubo esta conducción certera que permitió avanzar. Eso no empalma con algunas visiones que a veces se tiene de mí que dicen que yo instalé lo simbólico. Lo han dicho muchos hombres. Detrás de eso está invalidar la incidencia política de una mujer, eso va mucho con la mirada patriarcal.

¿Y respecto a los desafíos de la presidencia?

Al principio era un desafío hacer una dupla con Jaime (Bassa). A Jaime no lo conocía, no sabía de él, solo había visto algunas cosas que había publicado, había estado en alguna conferencia que había dado, pero para mí era una persona desconocida.

Otro desafío fue cómo instalar el órgano cuando teníamos un Gobierno ausente y un Gobierno que lejos de validar la incidencia de la Convención y de la opción de la Convención de tener una presidenta mapuche, casi no quería hablar conmigo. Lo sentí pero así (hace un gesto de hilo con sus manos)… situaciones de mucho micromachismo. Nos sentábamos aquí con Jaime, llegaban, le hablaban a Jaime y a mí no me hablaban. Ahí hay racismo, hay machismo y eso fue un desafío para mí.

Una vez que fuimos armando el órgano, le dimos institucionalidad, la administración, avanzamos en todo lo que es trabajo constitucional más político, yo ya me desvinculé de esas personas que venían a invisibilizarme aquí mismo, dentro de mi propio espacio.

Entre seguidores y detractores

Entre todos los premios y reconocimientos que Elisa Loncon ha recibido estos seis meses, también ha tenido momentos tensos.

La defensa de los pueblos originarios fue parte de su campaña electoral y también de su ejercicio en la Convención. Muchas veces se enfrentó a sus pares por estos temas, como cuando Teresa Marinovic tildó de “show” a un discurso de la  Machi Francisca Linconao por hablar en mapudungun o en reiteradas ocasiones por cómo habló de hechos de violencia.

“Es un tema que tiene mucho más fondo de las palabras y la edad que tú tienes Cretton, y el apellido que tu tienes también. La violencia que nos ha tocado a nosotros, las naciones originarias, es estructural, es un racismo absoluto y está instalado aquí también en la Convención”, le decía al constituyente de Unidos por Chile el 4 de noviembre, tras la muerte de un comunero luego de un tiroteo en la Región del Biobío.

Sin embargo, desde los mismos pueblos han cuestionado su labor en la temática. “Elisa Loncon no cumplió sus compromisos”, dijo Isabel Godoy –con quien comparte asiento en la Mesa Directiva como vicepresidenta adjunta–, respecto a la vinculación de la consulta indígena y el quórum de los ⅔.

¿Cómo considera que ha sido su relación con los escaños reservados? Ha recibido críticas por algunos de ellos…

He tenido siempre una relación cordial con todos. Ha sido una relación sincera, yo no tengo muchas cosas que ocultar, he sido bien transparente y no he tenido más que esa forma directa de hablar con todos los constituyentes.

La gente que ha hablado en contra mía… pienso que hace falta bastante reflexión sobre la estrategia de los pueblos indígenas para posicionar sus demandas dentro de un espacio más plural.

Con Isabel Godoy yo no tengo ningún problema en cuanto al proyecto que ella instala acá y lo que yo quiero hacer. Todos estamos por instalar los derechos fundamentales, los derechos colectivos de los pueblos indígenas. Ella no es para mi una enemiga, de repente pienso que hay falta de… no sé si llamarle madurez política, pero hay algo que no cuadra cuando estamos hablando de las estrategias políticas que como escaños deberíamos tener.

¿Qué sentimiento le produce esa distancia, que quizás en vez de conversar directamente, vaya y hable con otros constituyentes o derechamente con la prensa?

Lo que pasa es que eso también lo hace la derecha. Aquí hay gente de derecha que vive hablando de mí en la prensa y jamás han hablado conmigo acá.

Eso nuevamente te lleva al rol de ser mujer, ser indígena… la interseccionalidad de la clase, la raza, donde una es invisibilizada por un sistema colonial patriarcal. Y yo entiendo que una mujer que nunca ha ingresado a relaciones interculturales lo haga, pero también lo puede hacer una persona de abajo que no ha tenido la mirada y la autocrítica que como mujer indígena podemos apoyarnos.

Yo entiendo que con las mujeres indígenas nos podemos apoyar, con todas las que estamos acá, porque estamos en un mismo proyecto, pero no todos tenemos la misma reflexión que se requiere para tener este apoyo mutuo. Mi llamado en ese caso es que las mujeres tenemos que ser reflexivas, tenemos que cuidarnos entre nosotras, sobre todo si compartimos el mismo proyecto.

¿Y en la Mesa? ¿Cómo fue ser la líder? 

Tuvimos que enfrentar el inicio de la Convención con Jaime los dos. Éramos dos para todo lo que ocurría y te juro que uno dormía tres horas, cuatro horas, y al otro día de nuevo, hasta últimas horas de la noche. Fue lo más pesado que me ha tocado enfrentar en la vida. Porque cuando uno construye una casa lo hace de a poco, pero aquí no había tiempo, había que hacerlo.

La Mesa ampliada llegó cuando ya tenía una dinámica con Jaime en términos de tomar decisiones, entonces hubo un tiempo en que la Mesa necesitó también vivir el proceso de cohesionarnos, de instalar confianza entre nosotros y entender sobre todo los códigos de la confianza donde uno dice «sí, yo puedo creer en ti y podemos avanzar juntos».

¿Se lograron esos códigos?

Se lograron, con unos más que otros. Con otros no… tú ya mencionaste las opiniones que se dicen, pero creo que fue un aprendizaje mutuo entre nosotros y la Mesa Ampliada.

Pasando al Pleno, ¿se sintió apoyada por las y los constituyentes en estos meses?

Claro que sí. He sentido el apoyo, la confianza, la esperanza de ellos. Muchos convencionales me llevaron a sus distritos y territorios, la gente con la que trabajan. He logrado sentir a través de eso la fuerza que tiene el proceso. Sin duda que he sentido respaldo.

Los seis meses restantes

Cuando Elisa Loncon se sienta en su escritorio de madera, a mano izquierda hay una bandera chilena y a mano derecha la bandera ​​wuñelfe, estrella de ocho puntas que representa la cosmovisión mapuche. Atrás, un mueble con una escultura indígena de la que cuelga un tapiz del que se lee “Violeta por siempre”, donde sale inscrita la fecha de nacimiento y muerte de la cantautora chilena, Violeta Parra.

En el mesón hay libros, carpetas y papeles apilados en ambos lados, donde también hay dos plantas pequeñas, placas de premios, una escultura miniatura de la Venus de Milo, dos muñecos mapuche con su ropa tradicional y por supuesto un alcohol gel.

Sin embargo, dentro de poco, todo lo que es de ella deberá salir.

¿Qué espera de los seis meses que vienen? 

Estamos en la etapa más precisa en términos de que vamos a defender ideas, vamos a instalar derechos y solo tenemos tiempo para eso, argumentar y avanzar en torno a lo que queda en la Convención.

Ya no tenemos el tema que nos tocó a nosotros, las asignaciones, los protocolos, que el Covid, que los medios de comunicación. Fue un problema fuerte para nosotros saber que aquí no podíamos estar muchos por aforo y por otro lado otros diciendo que estábamos en contra de la libertad de expresión. Encontré que eso era realmente absurdo.

Ahora ya están los reglamentos, está la práctica, están los protocolos, la otra Mesa va a tener que proteger este espacio de discusión, de toma de decisión, de instalación de derechos y eso es.

Tenemos cronograma, tenemos reglamento, no hay trampas aquí. Está todo planificado para llegar a ese 4 de julio.

¿Cuáles creen que serán las temáticas que requieran de más reflexión para llegar a acuerdos?

Todo requiere reflexión, pero todo lo que tiene que ver con los derechos fundamentales.

Una cosa tan simple, que es muy sentida por toda la sociedad, las pensiones dignas, por ejemplo. Este derecho está en una situación donde hay una trayectoria, la administración se privatizó y aquí hay gente que va a defender el modelo. Hay que lograr que esas personas tengan el suficiente razonamiento para decir «mira, en realidad ese modelo lo podemos cambiar, lo podemos hacer mejor».

El derecho al agua, el agua como bien público. No hay parte en el mundo donde las constituciones hayan decretado la privatización del agua, es acá en Chile. Hay que ver cómo se instala.

Al final de este proceso habrá un plebiscito de salida en el que no sabemos si la Constitución será aprobada o no. Entonces, más allá del texto constitucional, ¿cuál cree usted que va a ser el legado de la Convención Constitucional y todo el proceso constituyente?


Primero la Constitución. Se va a tener que aprobar. Nosotros estamos haciendo una Constitución para que se apruebe. Estamos de cara a la ciudadanía, de la mano con la ciudadanía con los procesos participativos, con los territorios y estamos por una función ciudadana.

El legado es que después de la nueva Constitución, Chile no va a ser el mismo. Ya se va a instalar la paridad, las diversidades sexogenéricas, la plurinacionalidad, la visión de importancia sobre los derechos de la naturaleza en la situación de crisis que estamos viviendo, la democracia inclusiva, directa, dialógica e intercultural; donde es posible que seamos minorías, pero la única forma que tenemos es llegar a acuerdos a través del diálogo como lo hemos hecho acá. Encuentro que ha sido súper épico lo que hemos hecho acá.

Una de las cosas interesantes que nosotros hicimos como presidencia, como Mesa Directiva, fue compartir esa democracia y ese poder. Fuimos electos, lo hemos hecho bien, pero pusimos una decisión de rotar los cargos de la Mesa Directiva y ampliar las vicepresidencias. Lo hemos cumplido. Un acto de generosidad política acorde con las necesidades de los tiempos actuales donde necesitamos visibilizar a los excluidos. Es un acto político importantísimo.

Por eso, quienes dicen que fui la presidenta simbólica… es cosa de ver y analizar. Fui una presidenta que instaló una democracia diferente, decisiones políticas basadas en otros paradigmas y eso es lo político.

¿Qué mensaje le dejaría a la Mesa entrante?

Que hay que defender la autonomía de la Convención. También aprender a ser sororas, porque van a ser puras mujeres. No me gustaría que se diera maltrato entre mujeres… y se hace, se hace por la prensa que es peor.

Y lo otro que hay que trabajar en función del cariño, la ternura, el afecto. No nos podemos seguir anulando como máquinas, para eso todos necesitamos esa expresión de nosotros como personas.

Es un poco lo que hemos hecho nosotros con el vicepresidente y la Mesa. Hemos tenido una relación de crecimiento humano impresionante. Yo creo que esta Convención también debiera permitirse ese crecimiento.

Veamos si es que se da…

¡Se ha dado hasta el momento! Lo sembrado brota, tengo confianza.

Por Valentina Matus Barahona
Fecha 03 Ene 2022