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Quiénes Somos Contexto Factual Temas Constitucionales Lupa Electoral
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A pesar de que hay consenso en que la unidad es la clave ante un sistema electoral proporcional como el que regirá para la elección de convencionales de abril, la oposición no ha logrado agruparse y se habla de, al menos, siete listas distintas que correrán en paralelo. ¿Qué efectos podría tener esa dispersión en su rendimiento electoral? Contexto Factual habló con dos expertos que desmenuzan en este artículo cada aspecto de cómo la situación podría afectar sus posibilidades de éxito, las virtudes y defectos de una posible lista única -que matemáticamente se ve como la opción más segura- y el impacto que podrían tener las otras elecciones que se desarrollarán en simultáneo.

La mayoría de los partidos de la ex Nueva Mayoría irán juntos en un pacto electoral a la elección de convencionales constituyentes de abril. Por otro lado, los del Frente Amplio formalizaron ayer su alianza con el Partido Comunista (PC), el partido Federación Regionalista Verde Social (FRVS) y Acción Humanista. Esas dos podrían ser las asociaciones políticas más fuertes de la oposición de cara a las próximas elecciones (ver artículo), pero no las únicas.
El domingo pasado, El Mercurio publicó una nota donde se anticipaba la coexistencia de al menos siete listas distintas identificadas con la izquierda y la centro izquierda. Además de esos dos grandes bloques, estarían el pacto Dignidad Ahora, conformado por los partidos Humanista e Igualdad, además de movimientos como No + AFP y la Fundación Daya; la vía solitaria del Partido Ecologista Verde (PEV); el grupo A Refundar Chile, encabezado por la Unión Patriótica, que lidera el excandidato presidencial Eduardo Artés; y listas de independientes cercanos al sector más progresista, como Independientes No Neutrales (INN), entre otros.
“Lo que hace el sistema electoral es castigar la división de las coaliciones. Entre más pactos y más partidos haya dentro de esos pactos, menores son sus chances de elegir un candidato. Si uno lo observa en las últimas elecciones de diputados, por ejemplo, la Democracia Cristiana (DC) sacó 11 escaños menos de los que hubiera sacado yendo en una coalición. Hay algunos que argumentan que al tener mayor cantidad de candidatos, incentiva de alguna forma un aumento en la votación, pero ese aumento no es suficiente por un efecto no político, sino que puramente matemático que hace que la división de los pactos genere menores posibilidades de que un candidato salga electo. Entonces, lo que vamos a ver es una oposición que va a tener mayoría en los votos, pero minoría en los escaños, y sólo como un efecto matemático”, dice Mario Herrera, director de la Escuela de Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad de Talca, en su sede de Santiago.
Cuando se vote bajo el sistema electoral vigente en abril de 2021 para elegir a los integrantes de la Convención Constitucional -el mismo que se usa para elecciones parlamentarias-, no se estará sufragando por un candidato o candidata, sino por la lista de la que forman parte. Así funciona el sistema proporcional D’Hont, vigente en Chile desde 2015: cada voto se va sumando en un pozo que luego se distribuye entre los distintos nombres que conforman una determinada lista electoral. De esa forma, los escaños por los que se compiten se repartirán no necesariamente entre los y las postulantes que obtengan más votos de forma individual, sino que entre las listas que en su conjunto sumen más sufragios.
En la práctica, la elección de convencionales será así: se sumarán los votos totales de cada lista y se dividirá por el número de cargos elegibles, según distrito. Por ejemplo, en una elección con tres listas que compiten por cinco cargos, el resultado sobre quiénes ocuparán los cupos se definirá a partir de la suma total de los votos obtenidos por cada lista, cifra que luego se dividirá sucesivamente por la cantidad de cargos en disputa. Quienes quedan son los candidatos victoriosos en orden decreciente (ver imagen).
Bajo ese esquema, los expertos coinciden en que la dispersión de las fuerzas juega en contra a sus propias posibilidades de éxito. Diferentes cientistas políticos y analistas lo han venido planteando en columnas de opinión, entrevistas e intervenciones públicas, destacando que en este tipo de elecciones, el que se disgrega, pierde. ¿Qué efectos se pueden anticipar ante el escenario actual de dispersión que existe en la oposición? ¿Qué tan conveniente podría ser la alternativa de la lista única que varios plantean y cómo eso puede beneficiar o afectar a la derecha? Contexto Factual conversó con dos analistas que a continuación responden a esas preguntas.

De oferta, demanda y la opción de una lista única

Para la doctora en Ciencia Política y profesora del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Católica, Julieta Suátez Cao, los efectos de la fragmentación se pueden medir en dos niveles: uno de oferta y otro de demanda.
“Toda la discusión ha estado últimamente puesta en la oferta, esto de que habrá siete listas o que hay que tener sólo una, que no se ponen de acuerdo… En distritos chicos, como la mayoría de los de Chile, que incluso ahora algunos se achican más con los escaños reservados intranumerarios, con un sistema D’Hont que tiende a beneficiar a la primera mayoría, es cierto que si hay mucha fragmentación, lo más probable es que disperse tu fuerza electoral. Ahí es verdad: si visiones ideológicas se fragmentan, terminan siendo subrepresentadas por una cuestión matemática obvia. Si tienes tres escaños y siete listas, es obvio que no todas conseguirán cupos, no va a ser proporcional al porcentaje de votos y ahí lo más probable es que tendrás una lista que se lleva dos y una que, con suerte, se lleva uno”, dice.
Por otro lado, la experta agrega que “desde el lado de la demanda, tener una única lista que junte desde la DC hasta independientes más radicalizados, también es complejo, porque habría que ver cuánta gente se siente realmente movilizada a votar por esa lista. En especial, después del estallido social del año pasado y con un gobierno muy debilitado”.
Suárez Cao plantea que frente a un gobierno tan debilitado como actualmente está el de Sebastián Piñera, la oposición ya se siente mayoría y pareciera no tener incentivos para aglutinarse, lo que “termina siendo contraproducente si esa mayoría se termina desperdiciando al tener lo que en la teoría política se llaman ‘wasting votes’ (votos desperdiciados), que no van a conseguir un asiento o un escaño en la Convención”.
“Entonces, ahí hay una tensión: si metes a toda la oposición en una lista, en un contexto como el chileno de alta abstención electoral, quizás no logren movilizar a mucha gente. Se pierden los matices y hay que recordar que esto de ‘no son 30 pesos, sino 30 años’ es una impugnación al establishment político que no es sólo de derecha. Por eso me parece un peligro, pues a veces las consideraciones estratégicas no tienen en cuenta si va a haber la motivación necesaria para salir a votar. Pero, por otro lado, estoy de acuerdo en que siete listas de oposición me parece delirante”, concluye la politóloga.
Respecto a la opción de una lista única -que hasta el momento es poco probable que llegue a concretarse-, Herrera señala que “no hay espacio a la discusión: es lo más conveniente en términos matemáticos y estratégicos”.
El académico asegura que la dispersión de posiciones ideológicas dentro de una lista es una de las características del sistema electoral proporcional: tratar de representar la mayor cantidad de intereses posibles y que ellos logren obtener la mayor cantidad de escaños para que, finalmente, la Convención sea lo más pluralista posible y no se quede en torno a dos grandes coaliciones más bien homogéneas, sino que dentro de ellas haya divergencia de posturas entre los distintos partidos y organizaciones políticas.
“Esa divergencia ideológica te sirve para una lista, pues si eres un elector y estás más cercano a las ideas de centro, ese voto de centro se va a sumar a los votos de izquierda, por lo que alcanzas un espectro ideológico mucho más grande. La lista única es sí o sí la mejor opción en términos matemáticos e ‘ideológicos pragmáticos’, si lo quieres llamar así”, dice.

La unidad oficialista

La derecha tampoco está actuando, hasta ahora, como un único bloque de cara a la elección de convencionales. Por una parte, está el oficialismo, los partidos que conforman Chile Vamos, la coalición de gobierno. Por la otra, está el Partido Republicano, liderado por el exdiputado y excandidato presidencial José Antonio Kast, quien en la primera vuelta de las últimas elecciones se convirtió en la cuarta mayoría tras obtener el 7,93% de los votos, es decir, más de medio millón de personas que sufragaron por él.
Aunque hay varios sectores de la derecha que se resisten a formar pacto con la casa política de Kast, a medida que pasa el tiempo incluso quienes se oponían hoy no lo descartan.
“No contaría con que la derecha está tan unida -pues no se sabe aún qué va a pasar con el Partido Republicano-, pero es cierto que al parecer la fragmentación es mayor en la oposición.Me da la impresión de que la derecha la tiene más fácil para unirse porque lo que está enfrente es mucho más fuerte: ‘no nos une el amor, sino el espanto’. En este escenario, es altamente probable que ocurra eso, que los factores de mayor dispersión opositora y la necesidad de aglutinarse de la derecha para contrarrestar el movimiento post estallido y del Apruebo les juegue a su favor. Lo vimos el fin de semana en Tolerancia Cero, donde Mario Desbordes no dijo que no a una lista única con el Partido Republicano de Kast, siendo que era uno de los que más se venía oponiendo a esto. Y la posibilidad de que la derecha del Rechazo y la del Apruebo se junten en listas es bastante fuerte y da cuenta de que lo que tienen al frente puede ser una amenaza, y ese sería el poder aglutinador”, señala Suárez Cao.
La experta asegura que con el escenario actual -distritos que se achican, una coalición más establecida, la amenaza del estallido y la necesidad de agruparse para revertir el fracaso del Rechazo-, favorece a la derecha, que tendría muchas más posibilidades de asegurarse 1/3 de los escaños, “que es lo que necesitan para vetar cambios fundamentales”.
Herrera cree que si bien hay posibilidades de que no haya acuerdo y el Partido Republicano termine yendo por una vía independiente, “posiblemente en los distritos más grandes, como Vitacura o Lo Barnechea, sí logre perjudicar un poco los resultados de Chile Vamos, pero el tema con ese partido es que comparte votos precisamente en las zonas donde la coalición de derecha es más exitosa. Entonces, no es que le vaya a perjudicar la cantidad de escaños. Sí le puede disminuir un poco la votación, pero lo más esperable es que en esos distritos donde a la derecha le va muy bien, Chile Vamos se siga quedando con los escaños. No le favorece a la oposición tanto como el hecho de competir en distritos donde hay mayor competencia”.

El factor de los alcaldes 

El 11 de abril de 2021 no sólo se elegirá convencionales, sino que también alcaldes, concejales y gobernadores regionales. Cuatro papeletas distintas recibirá cada elector y el listados de candidatos y candidatas será enorme. ¿Cómo podría afectar esa multiplicidad de elecciones simultáneas al resultado de los convencionales constituyentes?
Mario Herrera explica que la tendencia histórica en las elecciones municipales es que la gente tiende a votar más por los partidos políticos, en el caso de los concejales, y por la persona, en el caso de los alcaldes. “Entonces, si bien el alcalde que va a la reelección puede tener algún candidato o candidata para la Convención, y como vamos a tener tantos candidatos dando vuelta, lo más probable es que el voto nulo y el voto blanco aumenten considerablemente en la elección de concejales y de convencionales”, dice.
Para Julieta Suárez Cao, es otro el peso que podrían tener las elecciones municipales. Ella plantea que hay distritos donde los alcaldes que van a la reelección, y donde su figura individual tiene un valor que escapa al de los partidos o conglomerados que representa, más que provocar un aumento en votos blancos y nulos, podría generar una especie de arrastre en la elección paralela de candidatos a la Convención.
Señala la experta: “Puede haber dinámicas distintas según dónde estén territorialmente situadas, y en algunos distritos se podría ver eso de que el voto opositor, por muy fragmentado que esté el sector, se pueda ver canalizado por una figura local fuerte. Al hacer todas las elecciones juntas, se puede dar ese efecto, que le agrega complejidad a esto del efecto mecánico. Sí, la fragmentación aumenta en distritos pequeños como los que hay en Chile, pero hay otros factores que podrían afectar”.