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El desarrollo de la Inteligencia Artificial ha levantado diferentes inquietudes, como el reemplazo de empleos por parte de máquinas o la automatización de diferentes actividades de la vida, pero hay otro aspecto al que puede afectar directamente y se habla poco: la mente. Se espera que dentro de pocos años, las máquinas tengan acceso a nuestros pensamientos y emociones, por lo que científicos han levantado la idea de proteger la actividad cerebral consagrándola como un derecho y Chile podría ser el primer país del mundo en concretarlo.

Despertar, abrir los ojos y ver cómo va a estar el tiempo. Poner una canción mientras revisas las principales noticias de la mañana y, al mismo tiempo, programar tu agenda para el día, todo usando solamente tu cabeza gracias a un nanochip implantable en el cerebro que permite que este funcione como un smartphone o un computador. Parece un relato de ciencia ficción, pero es lo que Elon Musk intenta hacer con Neuralink Corporation, empresa que busca desarrollar interfaces cerebro-máquina para conectar a los humanos con la tecnología de forma directa.
Si bien el primer objetivo que busca lograr esta interfaz es ayudar a la restauración de la función sensorial y motora junto al tratamiento de los trastornos neurológicos con Parkinson o Alzheimer, a largo plazo se espera que cualquier persona pueda tener el dispositivo instalado, permitiendo total acceso a sus pensamientos, emociones, memoria o imaginación.
“Esto abre un montón de problemas éticos y sociales con los que la humanidad nunca ha tenido que lidiar, porque por primera vez nos metemos dentro del tejido que genera lo que somos. Entonces, un grupo de nosotros piensa que tenemos que reaccionar a este desafío imparable que viene y que vamos a entrar en la década que viene”, argumentaba el neurobiólogo español, Rafael Yuste, en la ponencia que dio en enero en el Congreso Futuro 2020.
Yuste –quien también lidera el proyecto BRAIN, que busca hacer un minucioso mapa del cerebro y las neuronas y fue impulsado por el expresidente estadounidense Barack Obama– desarrolló la idea de defenderse de los problemas como el desciframiento, intervención y manipulación de la actividad mental gracias a los desarrollos del big data y la inteligencia artificial, a través de la creación de nuevos derechos humanos: los neuroderechos.
La propuesta es incorporar en la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas la protección de los derechos de la mente de las personas o, como Yuste se ha referido, la intimidad mental. Además, incorpora un “juramento tecnocrático”, que es el compromiso de las empresas y plataformas de inteligencia artificial y neurotecnología a tener principios éticos en su trabajo y producción.
El foco de las prioridades éticas están puestas en resguardar la privacidad y autonomía personal; proteger la identidad y la habilidad de elegir nuestras acciones con libre albedrío; regular el “aumento artificial” de las capacidades cerebrales, pudiendo producir inequidades; y controlar los posibles sesgos de algoritmos o procesos automatizados de toma de decisiones. Y Chile y su Constitución podrían ser el laboratorio donde se pruebe por primera vez.

Neuroderechos en Chile

Desde 2019, la Comisión Desafíos del Futuro del Senado –liderada por el senador Guido Girardi (PPD)– ha trabajado con Yuste para que Chile sea pionero en la incorporación de los neuroderechos en la legislación actual y la Constitución, desde el punto de vista de los derechos humanos. Además, se ha trabajado junto a la Universidad de Chile y Universidad Católica para implementar el juramento tecnocrático en la formación de sus profesionales.
El senador Girardi prepara una reforma constitucional que modifique el artículo 19 de la carta fundamental sumando la protección de los neuroderechos. Sin embargo, su ingreso se mantiene en pausa debido a la pandemia de Covid-19 y el deseo de la comisión de que Yuste pueda participar en la presentación.
Ante la realización del plebiscito para elaborar una nueva Constitución, el senador señala que el debate no solo debe considerar los neuroderechos, sino que una serie de temáticas relacionadas al avance tecnológico: “Todos los temas que están vinculados a la inteligencia artificial, a la manipulación de los cerebros, a los monopolios por parte de las plataformas de internet, a la colonización del ciberespacio, al uso de los algoritmos que saben más de ti que tu mismo y a la manipulación que es susceptible de ser objeto el ser humano por estos sistemas, me parece que debería ser una prioridad absoluta en la próxima legislatura”.
La abogada y colaboradora de la Fundación Datos Protegidos, María Isabel Cornejo, señala que la sociedad se encuentra en un momento propicio para la discusión de temas asociados a la academia o los laboratorios, sin embargo, se deben considerar otras temáticas: “¿Deberían estar los bioderechos? ¿Debería prohibirse la clonación reproductiva en humanos en la constitución también? Una cuestión primordial es la discusión del constituyente acerca de la relevancia de la protección de nuestra libertad, dignidad e intimidad, la cual se ve desafiada por nuevas tecnologías cada vez más cercanas a la ciencia ficción. Es por esta razón que considero necesario cuestionarse el uso de determinadas tecnologías, entre esas, las denominadas neurotecnologías de mejora, de manera de alfabetizarnos en estos temas”.
“Debemos reflexionar bien qué derechos debemos proteger, y cuáles neurotecnologías son las que debemos regular, porque muchas de ellas poseen una funcionalidad terapéutica. Otras son parte de la neuromejora cosmética que posee discusiones éticas y políticas, como el aumento de la brecha de desigualdad entre quienes pueden consumir estas mejoras versus aquellos que ni siquiera sospechan que existen. El acceso a internet y una ley de protección de datos robusta son quizá cuestiones previas y conexas a esta discusión constitucional de si los neuroderechos deberían estar en la constitución”, agrega la docente en bioética y neuroética.
En el Congreso se ha estudiado la creación de un plan estratégico de Inteligencia Artificial para posicionar al país como líder tecnológico en la región y también abordar los desafíos de la automatización, mejorar la eficiencia, aumentar la productividad y fomentar la innovación y competitividad. Uno de los ejes que se estudia, es ayudar en la implementación de la Modernización del Estado, Agenda Digital 2020 del Gobierno Digital, la Política Nacional de Ciberseguridad, la Ley de Protección de Datos Personales y el Observatorio de Datos del Ministerio de Economía.
Por Valentina Matus Barahona
Fecha 07 Sep 2020