Asegurar la participación electoral: la alternativa del sufragio postal

Valentina Matus
19 Nov 2020

Una de las grandes peleas previas al plebiscito fue qué hacer con las personas contagiadas con Covid-19 -y otros grupos excluidos- para que pudieran ejercer su derecho al voto. Por distintos motivos y a pesar de las diferentes propuestas, se resolvió vetarlos y prohibirles sufragar, pero con el compromiso por parte del gobierno de que se buscaría un mecanismo para incluirlos en las elecciones del 11 de abril. Hasta el momento, no se ha dado a conocer ningún plan concreto para garantizarles ese derecho ciudadano. Por ello, Espacio Público preparó un informe sobre los beneficios que podría tener la implementación del voto por correo postal, dando a conocer la experiencia de siete países donde el mecanismo ha sido exitoso. Esa es sólo una de las alternativas que podrían barajarse. La información ya fue enviada a las autoridades para su consideración.

“Llevar adelante una legislación para modificar aspectos sustanciales de nuestro sistema electoral a 60, 65 días de un acto electoral, es absolutamente inviable, y eso concordamos con el Servel”, decía el entonces ministro del Interior, Víctor Pérez, el pasado 27 agosto.

Por entonces, una de las principales discusiones por resolver previo al plebiscito era qué pasaría con las miles de personas con contagios activos de Covid-19 y sus contactos estrechos el día de la votación. Si no podían ir, por estar bajo cuarentena, ¿cómo se garantizaría su derecho constitucional a emitir su voto?

Aunque se presentaron varias alternativas desde distintos sectores de la sociedad civil, las autoridades recién se hicieron cargo del tema cuando ya quedaba poco tiempo, y fue precisamente esa falta de tiempo el motivo que se utilizó como argumento para sepultar cualquier medida que resolviera la situación (ver artículo).

Entonces, se optó por no cambiar nada y prohibirles votar a las casi 9.800 personas que el 25 de octubre estaban con contagios activos, según los datos oficiales, y a sus contactos estrechos -en promedio tres por persona-. Aunque la prohibición para otros grupos excluidos no era explícita, la ausencia de medidas que les permitieran sufragar también afectó a otros varios miles de ciudadanos y ciudadanas habilitadas legalmente para votar, pero imposibilitados de hacerlo presencialmente (ver reportaje). 

Eso sí, la promesa del gobierno y del Servicio Electoral (Servel) fue que, para las elecciones del 11 de abril de 2021 -cuando deban elegirse convencionales constituyentes, alcaldes, concejales y gobernadores regionales- sí se habilitaría un mecanismo que permitiera sufragar a quienes estén imposibilitados de recurrir a los locales de votación, ya sea por coronavirus u otras razones. ¿Cuál? Es algo que aún no se resuelve, y a la fecha ninguna entidad pública ha dado a conocer algún avance en esa materia. 

Ante aquel escenario, Espacio Público -una de las entidades a cargo de la plataforma Contexto- preparó un informe que ya fue enviado al Servel y a la Secretaría General de la Presidencia (Segpres) con una serie de antecedentes y propuestas respecto a una de las distintas alternativas que podrían implementarse para el próximo proceso electoral: el voto por correo postal.

El modelo tiene sus orígenes en el siglo XIX y principios del siglo XX, y su mecanismo es bastante simple: quienes no pueden votar de forma presencial, solicitan una papeleta que llega a sus hogares a través de servicios de correo, y son devueltos de la misma manera, de forma anticipada a la fecha de la elección. Sin embargo, su implementación –además de la implicancia financiera y logística– abre dudas acerca de la seguridad y trazabilidad del sistema. Aun así, también presenta factores que han sido bien evaluados donde se ha puesto en práctica. 

El informe analizó la experiencia de siete países desde 2013 en adelante, analizando tanto el voto desde el extranjero como dentro del territorio nacional. Puedes revisar el informe completo aquí.

¿Voto secreto?

Una de las preocupaciones sobre el sistema tiene que ver con el secreto del voto, situación que en Chile está protegida por el artículo 15 de la Constitución:  

“En las votaciones populares, el sufragio será personal, igualitario, secreto y voluntario”.

¿Se puede asegurar? La experiencia dicta que no en su totalidad, pero que las “medidas que comprometen el secreto del voto para facilitar la participación se han considerado generalmente razonables, especialmente si la alternativa fuera que las personas interesadas no pudieran votar en absoluto”.

Las formas en las que se puede ver comprometido el secreto del sufragio tiene que ver con que hayan fallas en el proceso prescrito para emitir votos, deficiencias en la forma en que se implementa un proceso en el terreno, faltas del personal electoral -en caso de no estar debidamente capacitado- y también que los mismos votantes puedan revelar su elección. 

No obstante, los países revisados por Espacio Público han dado con distintas vías para asegurar de la mejor forma posible que se cumpla la instrucción constitucional. 

Una de ellas es la garantía de trazabilidad, que permite hacer un seguimiento respecto al estado de la papeleta. No todos los países han integrado sistemas para poder hacerlo, pero los que sí lo han hecho cuentan con alertas en aplicaciones, correo electrónico o portales web donde pueden revisar el estado y ubicación de sus papeletas: desde su solicitud hasta su devolución a los organismos electorales, incluyendo la posibilidad de revisar que hayan sido contadas y registradas en los resultados finales. Además, tienen la opción de denunciar posibles irregularidades.  

Aumentar la participación

Dependiendo de los motivos por los que se adopte el sistema, puede significar un aumento importante en la participación. Por un lado, “puede utilizarse únicamente para permitir que las personas que viven lejos del colegio electoral más cercano o cuyas circunstancias personales -como vejez, enfermedad, discapacidad o responsabilidades de cuidados- les impediría viajar a un colegio electoral” o bien, si “está ampliamente disponible, puede verse como un mecanismo para asegurar que todos los votantes tengan la misma oportunidad de votar”, dice el informe.

Es la última opción la que, según se plantea en el documento, beneficiaría un aumento en la participación eleccionaria, al ser una alternativa más fácil y una buena forma de garantizar la igualdad de oportunidades para votar. 

Además, a medida que aumenta la tasa de votación por correo, “los recursos proporcionados para las mesas de votación fijas probablemente tendrán que recortarse, inclinando así la balanza de conveniencia aún más a favor del voto por correo”, lo que se presenta como una buena oportunidad en términos de cuidado de los recursos fiscales.


Resultados en otros países

Argentina y Perú habilitaron el voto postal sólo para los ciudadanos que viven fuera del país, lo que se tradujo en un aumento significativo en la participación electoral de ese segmento de la poblicacioón. En el país trasandino, la implementación del voto en el extranjero vino también con la eliminación de otros obstáculos electorales, aumentando la participación desde el exterior en alrededor de un 255% entre 2013 y 2017. 

En las últimas elecciones extraordinarias que se llevaron a cabo en Perú en enero de 2020, se emitieron 234.702 votos desde el extranjero, lo que representa un 24,3% de los ciudadanos habilitados para votar fuera del territorio nacional. Esto tuvo una implicancia importante para el sistema político peruano, dado que el aporte del voto externo se tradujo en la obtención de un escaño adicional para el partido político Podemos Perú, rompiendo de esta forma el empate momentáneo que tenían con el Partido Morado. 

En el caso de los países que implementaron el voto por correo dentro de su territorio nacional, hay diferentes resultados. 

En las elecciones generales españolas de noviembre de 2019, fueron emitidos a través de voto postal un total de 997.530 sufragios, es decir, casi un millón de ciudadanos utilizaron este medio de sufragio, que representó un 2,7% del padrón.

Para Estados Unidos, las condiciones varían de acuerdo a cada estado: estudios mostraron que en Washington hubo un aumento de 2 a 4 puntos porcentuales, concentrado en los registrantes con menos participación por sobre los con mayor participación, lo que sugiere que esta modalidad por correo disminuye la brecha entre estos grupos. Pero en California, en cambio, la votación por correo no incrementó la participación en las elecciones generales, obteniendo tasas incluso más bajas que la población que fue a locales de votación. Sin embargo, en procesos de baja participación, como elecciones locales especiales, sí aumentó.

En el Reino Unido, en sus elecciones generales del 2017, la cantidad de votos postales emitidos fue de 8,4 millones, lo que constituyó un 18% del padrón y corresponde a un aumento de casi 3% respecto a las elecciones de 2010.

La experiencia de Alemania fue un ejemplo de incentivo a la participación política a través de voto postal:  desde 1990 a 2013 aumentó en 14,9 puntos el porcentaje de voto postal dentro del padrón, alcanzando así, en las elecciones generales de 2013, un 24,3% del total de sufragios, lo que corresponde a 10,7 millones de personas que ejercieron su derecho a voto por correo.

Por último, en las elecciones federales canadienses de 2019, tan sólo 49.544 personas votaron con este método, pero los expertos indican que el número podría dispararse en elecciones futuras por la pandemia y la abierta política que tiene Canadá para el uso de esta modalidad de voto. 


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